07 noviembre 2026

Whittier - EEUU

En el sur de Alaska se encuentra un golfo con el mismo nombre (mientras Trump no decida rebautizarlo). En el golfo hay una pequeña bahía rodeada de aguas gélidas, inhóspitos archipiélagos rocosos, hielo y nieve… no es un gran sitio para vivir, la temperatura media son 0º grados y las mínimas pueden descender hasta los 20º bajo cero. 

A orillas de la bahía se encuentra un enorme edificio con tres módulos de 14 plantas cada uno; no es bonito, más bien es un mazacote de color crema que contrasta con el paisaje blanco que lo rodea. No tiene adornos ni balcones, como es lógico, en estas latitudes la prioridad es sobrevivir, y para ello hay que reducir al máximo la actividad exterior. De primeras tampoco parece la casa con la que nadie soñaría, pero este edificio feo y brutalista acoge en su interior el motivo de este post: Whittier, el pueblo que vive bajo un mismo techo.

En el pasado, la Bahía del Príncipe Guillermo (Prince William Sound) era utilizada por el pueblo chugach como ruta de porteo, después fue explotada por exploradores rusos y estadounidenses durante la fiebre del oro de Klondike. La población permanente fue aumentando progresivamente y adoptaron el nombre de un poeta estadounidense (Whittier) para un glaciar cercano y para el incipiente pueblo.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el ejercito de EEUU construyó una instalación militar (Camp Sullivan) con puerto y ferrocarril incluidos, y que se convirtió en 1943 en el punto de entrada a Alaska para todos los soldados estadounidenses. Para dar alojamiento a los militares y sus familias, el ejercito planeaba levantar diez construcciones monstruosas, pero finalmente solo se pudieron terminar dos de ellas que serían utilizadas por el ejército hasta el inicio de la década de los 60. Estas dos edificaciones dominan hoy en día toda la ciudad y siguen siendo las más grandes de toda Alaska:

Hodge Building: Este edificio iba a ser la sede del Cuerpo de Ingenieros del Ejército, y cuando se proyectó en 1953, era el mayor edificio de Alaska. Nombrado “Hodge” en honor a Walter William Hodge, un ingeniero civil; en 1972 el edificio sería renombrado como “Torre de Begich” en honor a Nick Begich, un congresista desaparecido en un accidente aéreo.

La Torre Begich fue terminada en 1957 y consta de 14 pisos en cuyas plantas superiores se reparten 150 apartamentos de dos y tres habitaciones, además de estudios tipo loft. Todos los empleados del Servicio Civil y sus familias fueron trasladados a este edificio que contiene todos los servicios básicos de una pequeña ciudad: un puesto de correos y el Departamento de Policía de Whittier (en la primera planta), el gabinete del alcalde y las oficinas del ayuntamiento (en la segunda planta), una tienda, un hospital, una pequeña iglesia metodista, una tienda de comestibles, un restaurante, un servicio de lavandería comunitaria, una sala de conferencias y una zona de ocio con una piscina climatizada interior. En los pisos 13 y 14 se encuentra un pequeño hotel que abre durante todo el año. Todo el edificio está diseñado para que sus habitantes puedan hacer su toda vida dentro de la construcción y se puede acceder a cualquier punto del pueblo sin pisar el frío espacio exterior, solo hay una excepción: la escuela.

La Escuela de Whittier es uno de los pocos servicios que se encuentran fuera del edificio; tampoco está muy lejos, al otro lado de la calle, pero durante el crudo invierno su acceso desde el exterior se cierra. Para acceder a ella, los alumnos y profesores utilizan un túnel subterráneo que comunica la torre oeste de Begich con la escuela. El patio de recreo de la escuela también es interior, con una gran sala con columpios y arena, el lugar trata de disimular la claustrofobia natural, pero sus ventanas siempre permanecen cerradas.

Buckner Building: El otro gran edificio de la zona se terminó en 1953 y se convertiría en el más grande de Alaska, siendo conocido como la “ciudad bajo un mismo techo”, sin embargo, este edificio salió rana y tuvo que ser abandonado. Actualmente, su soledad contrasta con la agitada vida interior de Begich, pero se ha quedado como una reliquia urbex que atrae cierto turismo morboso. Derribarlo costaría millones ya que en su construcción se utilizaron cantidades industriales de amianto, lo cual lo convierte en inhabitable.

Camp Sullivan estuvo activa como base hasta los años 60, cuando las instalaciones militares fueron transferidas a la Administración civil. Pero, pese a su cierre como zona militar, Whittier no murió. El edificio de las Torres Begich se convirtió en un condominio que albergaría una residencia privada de dos pisos conocida como Whittier Manor, y a la mayoría de los residentes de la ciudad. Aquí se establecieron varias familias locales que lo convirtieron en su refugio, constituyéndose como un  municipio independiente en 1969, un municipio con una única dirección postal.

El 27 de marzo de 1964, Whittier sufrió el terremoto del Viernes Santo, con una magnitud de 9,2 sigue siendo el mayor terremoto de la historia de Estados Unidos, y provocó tsunamis a lo largo de toda la costa oeste de EEUU. El tsunami que azotó Whittier alcanzó una altura de 13 metros y mató a 13 personas provocando daños por un valor de 10 millones de dólares.

En la actualidad el pueblo tiene 214 habitantes, de los que unos 180 residen en el interior de las torres, es decir, hasta el 75% de los habitantes comparten paredes. Si bien es cierto que unos pocos viven en un edificio de dos plantas adyacente.

El pueblo se ha convertido en una escala recurrente para cruceros, y en 2000 se inauguró el túnel conmemorativo Anton Anderson que conectaba Whittier con Anchorage y el interior de Alaska. Por primera vez en su historia, Whittier era accesible por carretera, lo cual ha impulsado en gran medida el turismo entre los amantes de la naturaleza: Whittier se encuentra dentro del Bosque Nacional Chugach, el segundo bosque nacional más grande de Estados Unidos.

Muchos de los habitantes trabajan, por y para el propio pueblo. El trabajo se divide entre el puerto, en el mantenimiento de las calles o en el mantenimiento del túnel de más de dos kilómetros que atraviesa las montañas que bordean el pueblo-edificio. Tras el túnel, hay que cruzar un puente que, curiosamente, cuenta con un solo carril, por lo que la circulación en él se rige por turnos, y para asegurar esto son necesarios varios trabajadores. Por la noche, el túnel se cierra a partir de las 22:30 h y no se vuelve a abrir al tráfico hasta el amanecer. Si cenicienta llega tarde a casa se queda en la intemperie a 20 grados bajo cero.

El túnel de Antón Anderson es el segundo túnel de carretera más largo y el túnel combinado de carril y carretera más largo de Norteamérica. 

La industria pesquera también tiene un valor importante, con una fábrica de conservas que en algunas temporadas amplía el número de residentes. El turismo también es un importante motor económico, antes de la pandemia, la gente empezó a visitarlo ante la curiosidad de como sería una vida encerrado en casa, tras la pandemia parece que todos hemos saciado esa curiosidad, pero mientras en otras ciudades hemos vuelto a ocupar las calles, Witthier resiste encerrado en su casa: stay home, stay safe…