17 enero 2026

Cráter de Vredefort - Sudáfrica

El cráter de Wolfe Creek, en Australia, destaca en la inmensidad del desierto. Con sus 880 metros de diámetro es el segundo cráter de impacto de meteorito más grande del mundo 

Cada día, la Tierra recibe unas 100 toneladas de materia extraterrestre, la mayoría son granos de polvo; de hecho el 99% del material que nos llega mide menos de medio milímetro. Sin embargo, de vez en cuando tenemos que dar la bienvenida a objetos mucho más masivos, meteoritos que dejan una huella permanente en la Tierra y que alteran (o acortan) las vidas de quienes la habitan.

Un meteorito se define como un fragmento de un cuerpo celeste que cae sobre la Tierra, o sobre un astro. Su nombre procede de los meteoros ("fenómeno en el cielo", en griego), el destello luminoso que se produce cuando un cuerpo extraterrestre atraviesa la atmósfera terrestre.

Dependiendo de su tamaño, podemos encontrar asteroides (hasta 1000 km), meteroides (hasta 50 metros) o micrometeoroides (polvo estelar), en el momento en que uno de estos cuerpos llega a impactar la superficie terrestre sin desintegrarse por el camino pasamos a llamarlo meteorito.

Hace 2000 millones de años sufrimos la visita de uno de estos meteoritos. Cerca de Johannesburgo, en Sudáfrica, un enorme meteorito nos golpeó dejando una huella que hoy en día es conocida como el Cráter de Vredefort, el mayor cráter de impacto (visible) del que tenemos constancia sobre la Tierra.

Imagen satélite del cráter de Vredefort

El cráter de Vredefort tiene un diámetro de 300 Km, lo cual hace casi imposible representarlo en una fotografía (la mayoría de las que aparecen en búsquedas son en realidad el cráter de Barringer). Actualmente está muy erosionado y su gran antigüedad hace muy difícil estimar el tamaño del objeto que lo causó.

Hasta hace poco se calculaba que un asteroide o un cometa de entre 5 y 15 kilómetros de diámetro impactó contra la Tierra liberando una energía equivalente a la de 100 millones de megatones de dinamita y desplazando unos 70 000 km³ de roca. Un objeto de 15 kilómetros que viajara a una velocidad de 15 kilómetros por segundo generaría un cráter de unos 172 kilómetros de diámetro pero esto no se corresponde con el tamaño real del cráter de Vredefort que originalmente debió de medir entre 250 y 280 kilómetros.

Sin embargo, un reciente estudio de la Universidad de Rochester (Natalie Allen y Miki Nakajima) ha llevado a cabo distintas simulaciones para calcular cómo sería un impacto capaz de crear semejante cráter. Sus resultados mostraron que el meteorito responsable tuvo que ser mucho más grande (unos 20 a 25 kilómetros) e impactó con una velocidad de entre 15 y 20 kilómetros por segundo, solo así se explica un cráter de 250 kilómetros de tamaño.

Hoy en día resulta casi imposible reconocer la forma del cráter de Vredefort sobre el terreno.

Según estos cálculos, el asteroide que impactó en Vredefort debió ser aun más grande que el de Chicxulub pero a diferencia de este último no tenemos pruebas de que causase una extinción masiva. Hace 2.000 millones de años tan sólo había formas de vida unicelulares y no existían árboles, por lo que tampoco tenemos que lamentar incendios. Sin embargo, lo que si hizo este impacto fue modificar el clima global de un modo mucho más intenso y extenso que el meteorito de Chicxulub.

El polvo y las partículas en suspensión tras el impacto de Vredefort se habrían extendido por todo el planeta y habrían bloqueado la luz solar, enfriando la superficie terrestre. Esto podría haber tenido un efecto devastador en los organismos fotosintéticos. Una vez que el polvo y los aerosoles se asentaron, lo cual pudo tardar hasta una década, los gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono elevaron la temperatura global en varios grados durante un largo período de tiempo.

Desde el año 2005 el cráter de Vredefort es considerado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

A pesar de ser el cráter más grande que se puede observar en la Tierra, este impacto dista mucho de ser el único o el mayor que hemos recibido en la Tierra o en nuestro sistema solar:

  • Hace 4.620 millones de años una joven Tierra (a la que llamaremos Gaia) impactó contra otro planeta del tamaño de Marte (al que llamaremos Theia). El impacto fue tan brutal que los restos que salieron despedidos al espacio terminaron aglutinándose y formando nuestra Luna.
    Esta hipótesis es conocida como la "teoría del gran impacto" y el nombre de Theia (o Tea) proviene de la mitología griega, donde era una titánide madre de Selene, la diosa lunar.
    Según un reciente estudio del Observatorio Astronómico de Shanghai, parte de Theia pasó a formar la Luna (un 8%) mientras que el resto se hundió en el manto terrestre pasando a engrosar nuestro planeta (aproximadamente un 2%).
  • Hace 251 millones de años otro descomunal meteorito impactó en lo que actualmente es la Antártida creando el cráter de Tierra de Wilkes, aniquilando al 96% de las especies vivas y poniendo punto final al periodo Pérmico-Triásico. Una vez que la Tierra se recuperó de esta bajona, otro meteorito, esta vez el de Chicxulub volvió a causar otra extinción masiva.
  • Más recientemente tenemos ejemplos como el de Campo del Cielo, una extensa región del norte de la Argentina situada en el Chaco Austral, en el límite entre las provincias del Chaco y Santiago del Estero. En esta región, hace 4000 años,​ impactó una lluvia de meteoritos metálicos resultantes de la explosión en la atmósfera de un asteroide de alrededor de 840.000 kg. Gran parte de los fragmentos metálicos de meteorito a la venta hoy en día proceden de esta zona.
  • El cráter de Kebira es el nombre de una estructura circular identificada en el desierto del Sahara en 2007. Sus descubridores, Farouk El-Baz y Eman Ghoneim utilizaron imágenes satelite del Radarsat-1 y datos de Shuttle Radar Topography Mission (SRTM) para delimitar lo que parecía ser un cráter de impacto de 31 kilómetros de diámetro que se extiende a ambos lados de la frontera entre Egipto y Libia. Esta estructura podría ser el origen de los fragmentos de vidrio de sílice de color amarillo verdoso, conocidos como el vidrio de Libia, que como su nombre indica se pueden encontrar en parte del desierto de Libia y del desierto occidental en Egipto.

El vidrio líbico o vidrio del Gran Mar de Arena es una impactita, una roca formada o modificada por el impacto de un meteorito. Su origen a día de hoy es incierto, algunos geólogos​ sugieren que se pudo formar por la fusión radiativa de grandes explosiones aéreas meteóricas, algo similar a la trinitita creada a partir de arena expuesta a la radiación térmica de una explosión nuclear (como la prueba Trinity en el desierto de Nevada). 

Según algunas estimaciones el vidrio del desierto de Libia se formó hace unos 29 millones de años y ya sea por su origen extraterrestre o por su facilidad para tallarlo, siempre ha sido un material enormemente valorado que podemos encontrar en herramientas del Pleistoceno.

El pectoral de Tutankamon contiene un escarabajo tallado con el vidrio de Libia

Sin embargo debemos ser cautos al considerar que un impacto en Kebira pudo ser el origen de este vidrio, esta teoría se basa solo en técnicas de teledetección y los estudios de campo no han podido confirmar la evidencia de un impacto, es más, en algunos casos las muestras recolectadas contradicen esta teoría.  

+ info: Xataka - BrujulaVerde